El guepardo

Información del guepardo

Dieta: carnívora

Hábitat: África

Velocidad: entre 95 y 110 km/h

El guepardo, científicamente conocido como Acinonyx jubatus, entra dentro del grupo de los considerados como felinos (felinae) y es el animal más veloz sobre la faz de la tierra, pudiendo alcanzar velocidades vertiginosas de hasta 115 kilómetros por hora. Aunque es raro que supere los 108 o 109 km/h.

Los guepardos son grandes felinos, miden entre 1’10 metros y 1’50 metros de longitud, con una cola que mide entre 60 y 80 centímetros. Su altura hasta la parte lumbar o altura en cruz ronda los 80 centímetros, pudiendo llegar incluso a los 90 cm.

Debido a la necesidad de alcanzar altas velocidades, tiene un corazón muy grande. De hecho, el corazón de estos animales es el mayor en relación al cuerpo de todos los felinos.

El corazón les permite bombear sangre más rápido y más fuerte, lo que acompaña con unas grandes fosas nasales para poder respirar una mayor cantidad de oxígeno.

La longitud de su cola le sirve como estabilizador cuando se encuentra en carrera, mientras que sus garras, gracias a que no son retráctiles, provocan que el guepardo agarre mejor a grandes velocidades.

¿Cuanto corre el guepardo?


El guepardo puede correr entre 95 y 108 kilómetros por hora, durante un corto período de tiempo (unos 30 segundos). Aunque lo más espectacular de este felino es su aceleración, capaz de pasar de 0 a casi 100 kilómetros por hora en menos de 3 segundos.

¿Cómo caza el guepardo?

Los grandes carroñeros que viven en su zona, como las hienas, les roban las presas siempre que tienen ocasión.

Por este motivo, los guepardos tienen que cazar en las horas más calurosas del día, cuando estos carroñeros están durmiendo.

El problema del guepardo contra los carroñeros es que su cuerpo está adaptado para la velocidad y no para la pelea y, además, los carroñeros suelen atacar en grupo mientras que el guepardo caza en solitario. Por lo tanto, tiene una gran desventaja frente a estos animales.

Este felino es un estratega, espera muy bien el momento antes de lanzarse a por una presa. Espera el momento idóneo esperando escondido encima de un árbol o en alguna elevación rocosa.

Antes de lanzarse a la carrera, tienen en cuenta varios factores como, por ejemplo, la irregularidad del terreno o los obstáculos que puedan haber presentes así como que algún individuo, hembra embarazada o cría se aleje un poco de la manada.

Suelen correr una media de entre 95 y 108 kilómetros por hora, aunque en raras ocasiones pueden superar los 110 kilómetros hora, llegando hasta los 115. Pero esta increíble velocidad supone también que no pueden perseguir a una presa durante más de 400 o 500 metros.

Una vez superan esa distancia, el guepardo agota sus reservas de energía.

Sin embargo, su presa predilecta, la gacela, alcanza unos 80 kilómetros por hora de media, pero puede aguantar más tiempo corriendo y puede girar mucho más rápido.

Por eso, el guepardo tiene claro a que presa atacar, de lo contrario perderá una oportunidad de caza, lo que se traduce en mucha energía gastada en la carrera y más dificultad de supervivencia.

Los guepardos no es que prefieran atacar a mamíferos de tamaño pequeño como son las gacelas, pero han evolucionado especializándose en la velocidad y no tienen el poder suficiente para atacar a la mayoría de presas africanas.

Apareamiento del guepardo

Cuando las hembras terminan de criar a su camada, lo que suele durar unos 18 meses, buscan a uno o varios machos para que las fecunden (los guepardos son una especie polígama). Después de un período de gestación de tres meses, la hembra dará a luz. Suelen tener camadas de entre dos y cuatro crías. Aunque por diversas situaciones, como el hambre, el frío o los depredadores, sólo conseguirán sobrevivir un 30% de las crías.

Las hembras se encargarán solas del cuidado de las crías. Una vez hayan dado a luz, esconderá a la camada para protegerla de depredadores. Las crías no podrán seguir a la madre hasta que no hayan cumplido el mes de edad.

La madre, para enseñar a cazar a sus crías, les traerá alguna cría de gacela viva para despertar su instinto. Sin embargo, deberán pasar 8 o 10 meses hasta que los pequeños guepardos puedan cazar sus primeras presas.

Una vez superan los 18 meses de edad, la camada se alejará de la madre y, en el caso de las hembras, se irán en solitario, mientras que los machos permanecen en grupo formando fuertes lazos. Esta permanencia grupal de los machos les reporta numerosas ventajas, como una mayor facilidad de caza, una mejor protección de las piezas frente a los carroñeros y una mejor defensa del territorio. A veces se juntan en grupo machos de diferentes camadas. Aunque los machos del guepardo también pueden llevar una vida en solitario.

Los bebés de los guepardos, nos parecen de los animales raros bonitos más tiernos que existen.

Guepardo: estrategias evolutivas

Durante mucho tiempo, el guepardo ha tenido a la gacela en su punto de mira. Pero la evolución genética ha dotado a la gacela con armas defensivas que le dan una oportunidad para escapar, como por ejemplo la agilidad.

El guepardo también ha tenido que desarrollar otras características además de la velocidad para poder sobrevivir. De hecho, es su explosiva aceleración lo que le convierte en uno de los mayores depredadores de África, dando caza al 50% de animales a los que persigue. Arranca como un rayo y pasa de 0 a 95 km/h en menos de 3 segundos.

El secreto para esta brutal aceleración se encuentra en su espina dorsal, puesto que el 60% de sus músculos se encuentra colocada a lo largo de su columna. Su columna se expande y se contrae con tanta fuerza que añade setenta y cinco centímetros a su zancada, es decir, le permite recorrer una distancia de entre 6 y 8 metros de un solo salto.

A esta velocidad, la vista debería ser borrosa. Pero el guepardo, gracias a la evolución, cuenta con un ligamento flexible que une el cuello con su columna, lo que le proporciona una gran estabilidad óptica, permitiéndole seguir con precisión a su objetivo.

Una vez ha atrapado a la presa,  no puede dar un mordisco mortal a la gacela, como haría por ejemplo un león. Y no puede porque en su cráneo aerodinámico no hay espacio para dientes o mandíbulas potentes. Por eso, aprieta con su mandíbula la garganta de la presa durante 10 minutos, causándole la asfixia.

Uno de los problemas de los guepardos es que no pueden correr demasiado tiempo, no tienen apenas resistencia. El corazón bombea sangre al cerebro a 39º C y si sube un grado y medio más se recalienta demasiado. En una persecución de este tipo, el cerebro es el órgano más vulnerable.

Por el contrario, la gacela tiene menos riesgo de recalentarse porque ha desarrollado un mejor sistema de refrigeración. Antes de que la sangre llegue al cerebro, la sangra pasa por unos vasos sanguíneos que se enfrían a través del aire que entra por las fosas nasales. Este sistema hace que incluso cuando la gacela está a una temperatura corporal superior a 40º C, el cerebro se encuentre totalmente protegido.

Las gacelas tienen un gran sentido del olfato y pueden detectar a los guepardos solo por su olor. Pero esto es algo que han aprendido los guepardos y por eso han aprendido a acercarse a sus presas con el viento de cara, incluso si avanzan en el campo de visión de la gacela.