El dragón de Komodo


Reino:
Animalia
Filo: Chordata
Clase: Sauropsida
Orden: Squamata
Familia: Varanidae
Género: Varanus
Especie: Varanus Komodoensis
El dragón de komodo es el mayor lagarto del mundo, pudiendo alcanzar los 3 metros de longitud y un peso que alcanza la nada desdeñable cifra de 70 kg. Por esto, los dragones se encuentran en lo más alto de la cadena alimenticia en su hábitat. Aunque, pese a este sorprendente dato, su dieta consiste en su mayor parte en carroña. No obstante, también cazan e idean emboscadas estratégicas para cazar todo tipo de aves y mamíferos de tamaño medio como jabalíes o búfalos.

Cómo son: Son lagartos grandes que miden entre los dos y los tres metros de longitud. Su cola es larga y robusta y su cuerpo está recubierto por una capa de duras escamas. El color de sus escamas cambia con la edad, en los jóvenes las escamas son de colores más vivos, siendo generalmente verdes con zonas en amarillo y negro, mientras que en los adultos los colores son más oscuros, pudiendo ser de una tonalidad roja apagada o marrón grisácea.

Su cola es fuerte, larga y robusta y sus dientes aserrados y de unos 2,5 cm de largo. Además, suele haber sangre en ellos, pero no de las presas que comen, sino de su propia encía que, al masticar se daña de forma natural. Esto crea un cultivo idóneo para las mortales bacterias que inundan su boca y hacen de su mordisco uno de los más peligrosos del planeta.

El dragón de komodo documentado más grande hasta la fecha midió 3,13 metros y pesó entre 160 y 170 kg (fueron 166 kg exactamente, pero incluyeron en este peso la  que el animal todavía tenía en el estómago sin digerir.).

¿Por qué son tan grandes los dragones de komodo?

Según se creía, los dragones de komodos eran lagartos tan grandes porque la ausencia de competidores en su hábitat o nicho ecológico había hecho que esta especie se adaptase a esta situación creciendo en tamaño y ejerciendo los roles de especie depredadora (fenómeno que se conoce como gigantismo insular).

Pero estas creencias parecen ser falsas, pues recientes estudios revelan que los dragones de komodo son una especie perteneciente a una antigua población de grandes varánidos ya extintos.

De hecho, hay se descubrieron fósiles que datan de unos 3.8 millones de años aproximadamente y que son de la misma especie y tamaño que estos dragones.

Los sentidos del komodoensis

El dragon de komodo tiene unos sentidos no demasiado desarrollados, pudiendo considerarse en algunos casos incluso precarios.

Su vista puede alcanzar una distancia de unos 300 metros aproximadamente. Pero el problema es que estos lagartos carecen de unas células en los ojos, conocidas como bastones, que son las responsables de  la visión en condiciones de baja luminosidad. Por ello, se piensa que los dragones de komodo no pueden ver bien en ámbitos nocturnos.

En cuanto a su oído, existían estudios de dudosa credibilidad que afirmaban que este animal era sordo. No obstante, se ha desmontado esta teoría con el curioso estudio que realizo la propia cuidadora de dragones de Komodo del Zoológico de Londres, que enseñó a uno de estos lagartos a salir a comer con el único estímulo de su voz. Y efectivamente, el animal acudía a por la comida incluso en aquellas ocasiones en las que no podía ver a su entrenadora. A pesar de estos estudios científicos, este varánido no puede escuchar por debajo de los 400 ni por arriba de los 2000 hercios, por lo que podemos catalogar su audición como pobre.

En cuanto a sus fosas nasales, podemos decir con rotundidad que no son funcionales a nivel de olfato, puesto que tampoco tiene diafragma.

Para compensar estas carencias sensitivas, el komodo cuenta con dos herramientas, una es el conocido órgano vomeronasal, que es un órgano que emplean muchos reptiles y que se encuentra entre la boca y la nariz y se utiliza como complemento al sentido del olfato. Aunque este animal emplea este órgano para recibir estímulos del exterior y orientarse en momentos de poca luz. Y la segunda de estas herramientas es la lengua con la que puede percibir olores y sabores.

Con el característico movimiento de cabeza que ejecuta al andar y un poco de viento a su favor puede detectar alimento (carroña) a una distancia de entre 4 y 10 kilómetros de distancia. Y ello gracias al órgano vomeronasal y su lengua.

Hablando del sentido del tacto, es importante mencionar que algunas de sus escamas están reforzadas con hueso y este hueso contiene unas placas sensoriales conectadas a los nervios que hacen que su sentido del tacto sea un poco mejor.

Alimentación

En cuanto a la alimentación de estos lagartos, como decíamos, son carnívoros y aunque establecen encerronas y emboscadas para cazar a sus presas, su alimentación se basa en la carroña.

Este sistema de caza se basa en que, una vez que el animal llega a la zona de la emboscada, el dragon se lanza raudamente a puntos vulnerables del animal, como puede ser el cuello o la zona ventral. Con la cola también pueden derribar a sus presas, incluso si tienen el tamaño de un ciervo.

  • Si el animal es grande pueden cazarlo entre varios dragones de komodo.
  • Pese a las emboscadas, en un 30% de las ocasiones las presas logran escapar, pero gracias a su saliva tóxica, acaba dando caza finalmente a la presa o acaba en las garras de otro dragón de komodo.

En este vídeo se puede ver a uno de estos ejemplares cazando:

Comen tragando grandes trozos de carne del cadáver de la presa mientras con las patas traseras sujetan el cadáver. En el caso de presas enteras, emplearán sus mandíbulas desencajables y su estómago ampliable para poder tragárselas.  Pero además, en estos casos, salivarán en grandes cantidades para lubricar la comida y poder tragarla con más facilidad. Aún así, tragar una presa entera del tamaño de una oveja requiere su tiempo y pueden tardar 20 minutos en finalizar este proceso.

A veces, utilizan un método efectivo para tragar antes, que consiste en golpear el cadáver contra un árbol con la intención de que la presa realice el recorrido hacia el estómago más rápido. Se han dado casos de embestidas tan fuertes que han llegado a romper el árbol.

Evitan la asfixia respirando por un agujero que tienen debajo de la lengua y que está conectado directamente con los pulmones.

Una vez ingieren la comida (que muchas veces representa el 80% del peso corporal del dragón) se alejan a un lugar soleado para facilitar la digestión. En el caso de estos animales, como comen mucho de una sentada, si la digestión tarda más tiempo del debido, la presa puede pudrirse en su estómago y acabar afectándole.

¿Sabías que...?
Debido a la gran ingesta calórica que realiza el dragón de komodo en cada comida y a su lento metabolismo puede sobrevivir con tan sólo una comida al mes.

Tras la digestión, “escupen” una masa conocida como pelota gástrica que está recubierta de un tipo de liquido gelatinoso o mucosa. Esta pelota gástrica es el sobrante, es decir, la parte no aprovechable de la presa. Una vez la escupen se frotan la cara contra árboles o contra el propio suelo con la intención de limpiarse, señal evidente de que no les gusta el olor de estas pelotas gástricas.

Los dragones de komodo vagan por sus territorios, que son de unos 2 kilómetros cuadrados y pueden superponerse unos territorios con otros, puesto que esta especie no defiende su territorio. Aunque si una presa se haya en territorio compartido hay varias normas que todos los dragones deben seguir

Los machos más grandes (o dominantes) son los primeros en comer. En segundo lugar, comen las hembras y los machos pequeños. En último lugar comerán los machos jóvenes.

Como curiosidad, estos exóticos animales son ciertamente caníbales y pueden comer otros dragones de komodo sin ningún problema. Incluso en las peleas en las que hay dos machos iguales en tamaño por ser el macho dominante, el ganador puede matar al perdedor para acabar comiéndoselo.

Para beber, al no poder sorber por la carencia de diafragma de la que hablábamos, coge agua con la boca y levanta la cabeza para hacer que el agua baje por su garganta.

Su dieta es muy rica y variada. Comen desde otros reptiles que, como decimos, incluyen a individuos de su misma especie a aves, peces, cabras, jabalís, ciervos, serpientes, ratones e incluso caracoles. Estos dragones han llegado a saquear tumbas para comer el cadáver de una persona humana. Los ejemplares jóvenes comen todo tipo de insectos y mamíferos pequeños.

Habilidades del Dragón de Komodo

Los especímenes más jóvenes suelen vivir en los árboles, para protegerse así del canibalismo de otros dragones de komodo. Para trepar a estos árboles emplean como herramienta sus garras que les sirven de gran ayuda. Si bien cuando uno de estos dragones crece, las garras se hacen demasiado grandes para trepar y sólo las utilizan como arma para la caza o en la pelea con otro individuo de su especie.

Son animales ectotermos, esto quiere decir que no dispone de los mecanismos químicos necesarios para regular su temperatura  y necesitan pasar horas al sol para conseguir la temperatura necesaria para que su metabolismo funcione. Por este motivo es por el que se les considera animales diurnos, es decir, que la mayor parte de su actividad se desarolla durante las horas de sol. Aunque el dragón de komodo también presenta cierta actividad nocturna.

Estos reptiles son solitarios y sólo se juntan con miembros de su especie en dos ocasiones: en el apareamiento y en algunas ocasiones, en el momento en el que van a comer.

Son animales veloces, capaces de correr a una velocidad máxima de unos 20 km/h en cortos períodos de tiempo. Son capaces de bucear hasta casi los 5 metros de profundidad y son excelentes nadadores, pudiendo viajar a nado a islas cercanas. También puede emplear su cola para erguirse a dos patas y dar caza a esa presa que antes estaba lejos de su alcance.

Con sus fuertes garras, cavan zanjas de entre 1 y 3 metros de profundidad en las que suelen dormir. Gracias a su gran tamaño y al hecho de dormir refugiados en este tipo de madrigueras, son capaces de conservar bastante bien el calor corporal y por ello no necesitan estar tanto tiempo bajo los rayos del sol, tanto es así que la parte más calurosa del día la pasan en la sombra.

Marcan sus territorios favoritos de descanso con excrementos. Estos lugares de descanso suelen ser las cornisas de elevaciones rocosas donde hay cierto efluvio de brisas marinas. Estos lugares de descanso también los utilizan como punto estratégico de emboscadas, situación que se suele producir una vez cae la tarde.

Su saliva: una herramienta de caza muy tóxica

Su boca contiene una saliva muy tóxica y hace que un mordisco de este animal sea realmente peligroso. En su saliva se concentran cepas muy virulentas de 29 tipos de bacterias grampositivas y 28 tipos de bacterias gramnegativas. Bacterias que estos animales solo tienen en la saliva en estado salvaje, mientras que en estado de cautiverio no hay rastro de las mismas.

La conclusión que se extrajo de este curioso hecho es que la falta de bacterias en el especimen que se encuentra en estado de cautiverio se debe a que la comida proporcionada está más limpia.Aunque la saliva de este animal no es lo único que resulta tóxico: en el año 2009 se le realizó una resonancia magnética que reveló dos pequeñas glándulas que segregaban veneno y que estaban situadas en la mandíbula inferior. Este veneno esta formado por unas proteínas tóxicas que provocan varios efectos, entre los que se destacan:

  • Bajada de tensión arterial
  • Inducción a la hipotermia
  • Coagulación de la sangre
  • Parálisis muscular
  • Finalmente provocaría una conmoción en la presa que la dejaría sin sentido.

Como decíamos en el apartado anterior, un 30% de las presas se les escapan, no obstante con el veneno que secretan las glándulas venenosas combinado con las bacterias de su saliva tienen un efecto devastador en su presa y, aunque consiga huir, acabe finalmente falleciendo. Además de la saliva y el veneno, también influye en la desfallecimiento de la presa la pérdida masiva de sangre.

Reproducción y apareamiento de estos varánidos 

En esta especie las hembras maduran antes que los machos. Las hembras alcanzan la fertilidad a los 9 años, mientras que los machos se pueden considerar maduros sexualmente a partir de los 10 años. Aunque muchas crías no llegan a esta edad y mueren en el camino por el canibalismo ejercido en la especie, aunque si un individuo llega adulto puede alcanzar los cincuenta años de vida. El apareamiento se suele dar entre los meses de julio y agosto, para que la puesta sea en septiembre y se puedan evitar así estos meses tan calurosos.

Los machos se pelean continuamente en esta época del año y lo hacen por dos motivos:

  • Por las hembras
  • Por el territorio

Los combates: En la previa de estos combates, los machos pueden devolver o hacer sus necesidades. En esta pelea ambos machos se erigen sobre sus patas traseras y comienzan a pelear hasta que el perdedor termina rendido en el suelo.

El ganador de este combate se acercará a la hembra y le tocará con la lengua para conocer su receptividad. Las hembras durante las primeras fases del cortejo no son amigables y se defenderán con sus portentosas garras y sus dientes cuando el macho intente cualquier aproximación. Durante el cortejo, el macho también hará demostraciones a la hembra como frotar su mentón contra ella, lametones e incluso arañazos en su espalda.

Debido a la hostilidad de su compañera, en el momento del coito, el macho necesita inmovilizar completamente a la hembra para no resultar herido. El coito comienza cuando el macho introduce uno de sus hemipenes en la cloaca de la hembra. Tras este proceso, el macho se quedará vigilando al lado de la hembra por si algún otro macho intenta aparearse con ella.

Como curiosidad, se han dado casos de relaciones monógamas en estos dragones, lo cual es muy poco común.

Las hembras ponen los huevos en madrigueras que pueden ser excavadas por ellas o haber sido abandonadas por otros animales (lo cual es preferible para ellas). Ponen entre 15 y 20 huevos de aproximadamente treinta y siete centímetros de longitud. La hembra los cubrirá con tierra y hojas los incubará durante un período de tiempo de unos 7 u 8 meses. Las crías romperán el huevo mediante una protuberancia que tienen en la cabeza conocida como diente de leche y que se les caerá poco después de haber eclosionado este huevo. Nacerán después de la época de lluvias, sobre el mes de junio, justo cuando hay una gran cantidad de insectos. Una vez las crías salen del huevo, no tendrán ningún cuidado materno, es decir, están indefensas y por ello la gran mayoría mueren debido a los depredadores.

Sin embargo, los que consiguen huir de estos depredadores treparán a los árboles donde estarán seguros el primer año de vida.

La partenogénesis

Se descubrió por casualidad en varios Zoológicos del Reino Unido en los años 2005 – 2006 que las hembras podían tener crías por partenogénesis, es decir, sin necesidad de que un macho las fecundase. Se descubrió por una hembra del Zoo que puso 25 huevos sin que ningún macho la fecundase. De estos 25 huevos solo eclosionaron 8 y el resto no fueron viables. De los 8 huevos que eclosionaron todos los individuos eran machos.

Y esta es una de las particularidades de la partenogénesis: la hembra no puede tener hembras sin un macho que las fecunde.

Se piensa que los dragones de komodo desarrollaron esta habilidad por adaptación. Así, cuando una hembra sola entrase a un hábitat aislado (como por ejemplo una isla),ésta podría tener crías masculinas, creando de este modo una comunidad activa capaz de reproducirse sexualmente (la hembra se reproduciría con su descendencia) permitiendo que la especie perdure.